De Bogotá a Medellín, los foros de Women Working for the World en 2026 reunieron a más de 2.000 personas y a voces de distintos sectores para hablar de equidad de género, liderazgo y desarrollo social. Dos encuentros, múltiples perspectivas y una misma pregunta de fondo: ¿qué condiciones necesitamos transformar para que las oportunidades realmente estén al alcance de todas?
“Llamamos a esta conferencia Women Working for the World por una buena razón: destacamos y damos visibilidad al trabajo que realizan mujeres de todo el mundo.”

Con esta idea, Pat Mitchell, cofundadora de Project Dandelion y TED Women, inauguró en Bogotá la edición 2026 de Women Working for the World (WW4W). La frase no fue solamente una bienvenida. También planteó el punto de partida de dos encuentros que, en marzo y mayo, reunieron en Bogotá y Medellín a mujeres y hombres de la academia, el sector público, las empresas, los medios, el deporte, las organizaciones sociales y la cooperación.
Desde WW4W, la conversación partió de una premisa sencilla, pero exigente: si queremos sociedades más equitativas, no basta con hablar de oportunidades. También hay que preguntarse quién puede acceder a ellas, qué obstáculos encuentra en el camino y qué responsabilidades tienen las instituciones, las empresas, los gobiernos y la sociedad para removerlos.
En Bogotá, el 25 de marzo, el encuentro puso el foco en el liderazgo, los referentes, la voz, la violencia, el deporte, los medios y la capacidad de cuestionar aquello que durante años se ha normalizado. En Medellín, el 28 de mayo, esa conversación se amplió hacia los sistemas que sostienen la vida cotidiana: el cuidado, la protección de niñas y niños, el trabajo, la diversidad, la empresa, el territorio y las alianzas necesarias para producir cambios sostenibles.
Reconocer el trabajo de las mujeres también es cambiar la conversación

Una de las primeras discusiones de WW4W 2026 tuvo que ver con algo que puede parecer evidente, pero que sigue siendo necesario: reconocer el trabajo que las mujeres ya están haciendo y ampliar la posibilidad de que otras puedan imaginarse ocupando esos mismos espacios.
En Bogotá, el panel “Mujeres en el Deporte”, moderado por la periodista Diana Rincón, reunió a Nicole Regnier, deportista olímpica y entrenadora FIFA; Nana Hinestrosa, Primera competidora de motocross en Colombia; y Lina Gómez, campeona mundial de karate. Sus experiencias pusieron sobre la mesa las barreras que las mujeres han encontrado en escenarios históricamente masculinizados.
“Cuando empecé a jugar al fútbol eso no era para mujeres”, contó Regnier. Su historia también permitió hablar del valor que tienen los referentes para las nuevas generaciones: “Hoy las niñas quieren ser como una futbolista”.
Hinestrosa puso el énfasis en otra dimensión de la desigualdad: “A muchas nos toca trabajar incluso el triple para hacernos notar”. Y Rincón resumió la experiencia desde una perspectiva de largo plazo: “Es una carrera de resistencia, no de velocidad”.
La equidad no consiste solamente en abrir oportunidades
Esta fue una de las ideas que atravesó ambas ciudades.

En Bogotá, Rocío Casas, Ejecutiva Senior de la Oficina Colombia de CAF, llevó esta conversación al vínculo entre igualdad de género y desarrollo. Desde su intervención, planteó que “las sociedades funcionan mejor cuando todo es más equitativo” y señaló que el desarrollo no puede medirse solamente desde la economía, sino también desde las oportunidades que se construyen alrededor de la igualdad de género.
La pregunta, entonces, cambia.
No es únicamente si existe una oportunidad. Es qué condiciones hacen posible aprovecharla.
Una mujer puede acceder a una formación, pero ¿tiene quién cuide a sus hijos? Puede conseguir un empleo, pero ¿encuentra un entorno libre de acoso? Puede llegar a una posición de liderazgo, pero ¿tiene las mismas posibilidades de reconocimiento? Puede denunciar una violencia, pero ¿encuentra instituciones capaces de protegerla?
En Medellín, esta discusión tomó una forma especialmente concreta con el panel “¿Por qué hablar de sistemas de cuidado? Avances y apuestas del sistema del cuidado de Antioquia”, en el que participó Carolina Lopera, Secretaria de las Mujeres de Antioquia.
Hablar de participación económica de las mujeres también implica hablar de quién sostiene las tareas de cuidado y bajo qué condiciones. El cuidado deja de ser un asunto privado que cada familia debe resolver por su cuenta y aparece como parte de una conversación sobre desarrollo, corresponsabilidad y participación social y económica.
La misma mirada estuvo presente en “La diversidad que construye futuro”, con Cecilia Pinzón, donde la inclusión y la diversidad se abordaron desde su relación con la innovación, la cultura organizacional y los resultados.
La pregunta dejó de ser solamente cómo abrir la puerta y pasó a ser qué necesitamos cambiar para que, una vez abierta, las mujeres puedan realmente avanzar.
Prevenir, proteger, reparar: la equidad también se juega en la protección

En Medellín, la jornada comenzó precisamente desde uno de los puntos donde las desigualdades pueden tener consecuencias más profundas: la protección de niñas, niños y adolescentes.
El panel “Prevenir, proteger, reparar: una agenda urgente para la niñez” reunió a Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín; Emilio Puccio,secretario general del inter grupo del Parlamento Europeo sobre los derechos de los menores; y Marcella Zub, ejecutiva principal de la Gerencia de Género, Inclusión y Diversidad de CAF, bajo la moderación de Catalina Escobar, presidenta de la Fundación Juanfe.
La participación de CAF en este espacio conectó la discusión sobre protección de la niñez con una agenda más amplia de desarrollo, género, inclusión y responsabilidad institucional.
El panel planteó tres verbos que funcionan también como una hoja de ruta: prevenir, proteger y reparar.
En Bogotá, la discusión sobre violencia tomó una dimensión particular desde los medios de comunicación.
En el panel “Romper el silencio: poder, acoso y verdad en los medios”, participaron las periodistas Juanita Gómez, Laura Palomino y Paula Bolívar, con la moderación de Carolina Vidal, directora de comunicaciones de la Fundación Juanfe.
Gómez puso en palabras lo que significa romper un silencio que durante años ha sido individualizado: “¿Qué hay que hacer? Lo que hicimos: romper el miedo y romper el silencio”.
Pero también llevó la conversación más allá de un caso particular: “Esto no solo se trata de un caso puntual, esto es de un sistema entero perpetrado por años”.

En la misma jornada, Juan José Castro, durante la conversación “El fracaso de la protección colombiana a sus mujeres”, cuestionó que la respuesta frente a las violencias se reduzca al castigo penal.
Su planteamiento fue que la verdadera justicia también pasa por políticas económicas, educativas y de refugio capaces de prevenir nuevas víctimas y salvar vidas.
Así, entre Bogotá y Medellín, la conversación dejó claro que hablar de equidad también significa hablar de prevención, protección, acceso a justicia y capacidad institucional para responder frente a las violencias.
El cambio también ocurre en las empresas
Otra de las conversaciones que atravesó especialmente la agenda de Medellín fue el papel del sector privado.
En “Del propósito al impacto: empresas que transforman vidas”, participaron Sakina María Segovia, del Banco de Occidente; Diana Carolina Pulgarín López, de Bancolombia; Tatiana Gaona, de Allianz; Simón Giraldo Arango, de Grupo Bios; María Consuelo Castro, de Claro; Soraya Zoque, de L’Oréal; y Marcela Vargas, de Legado Cocina Colombiana, con la moderación de Carolina Vidal.
Este espacio contempló múltiples charlas cortas y poderosas que giraron en torno al papel de las empresas como actores de transformación social y de la posibilidad de conectar sus estrategias de sostenibilidad con el bienestar de las comunidades.
La conversación pasó después del propósito a la articulación en “Articulación para el cambio: empresa, territorio y equidad”, con Nathalia Figueroa Meza y Ledis García Morales, moderadas por Adolfo Zapata.
Aquí apareció una dimensión fundamental: las oportunidades no se construyen únicamente desde las organizaciones. También dependen de su relación con los territorios y las comunidades.
Y en “Tolerancia cero: entornos laborales libres de acoso”, Marlene Molero llevó la conversación al interior de las empresas: a la prevención, las políticas y los mecanismos necesarios para garantizar espacios laborales dignos.
La equidad, por tanto, también se juega en la manera en que una organización contrata, promueve, cuida, previene el acoso y crea condiciones para que las personas puedan desarrollar sus capacidades.
Los referentes importan porque hacen visible lo posible
El deporte volvió a aparecer en Medellín con “Más allá del podio: mujeres que cambian las reglas del juego”, panel que reunió a Carolina Ardila Zurek, CEO Arzuk; Sofía García Gaviria, futbolista del Atlético Nacional; Lina Gómez, campeona mundial de Karate y Mariana Pajón, Múltiple Medallista Olímpica; moderado por Daniela Maturana.
La conversación retomó algunos de los temas que habían aparecido en Bogotá: las barreras, la disciplina, el liderazgo y el papel de quienes abren camino.
El deporte apareció así no solamente como un escenario de competencia, sino como un espacio donde se construyen referentes y se amplían las posibilidades que las niñas y jóvenes imaginan para sí mismas.
La idea ya había sido expresada por Nicole Regnier en Bogotá: cuando una niña puede ver a una mujer ocupando un lugar que antes parecía imposible, ese lugar deja de ser una excepción y empieza a convertirse en una posibilidad.
Las historias personales también hablan de cambios colectivos

WW4W no dejó de lado las historias individuales. Al contrario: se convirtieron en punto de entrada para conversaciones mucho más amplias.
En Bogotá, “Inquebrantables: Transformando la pérdida en propósito”, con María Claudia Tarazona y Catalina Escobar, abordó la transformación de una experiencia personal de pérdida en una voz pública frente a la violencia.
Tarazona lo expresó desde el lugar de una mujer que decidió convertir su experiencia en una forma de acompañar y representar a otras: “Hoy quiero ser la voz de cada una de las mujeres, especialmente cuando la violencia se mete en lo más sagrado: la casa”.

En otro momento de la jornada, Daniela Álvarez, conferencista, empresaria y fundadora de la Fundación Daniela Álvarez, habló sobre propósito, identidad y reconstrucción durante su intervención.
En Medellín, su charla “Imparable” estuvo acompañada por la entrega de prótesis realizada por El Comité Fundación, y la Fundación Daniela Álvarez.
Su historia conectó con una pregunta que atravesó ambos encuentros: qué hacemos con aquello que nos ocurre y cómo una experiencia personal puede convertirse en una posibilidad para otros.
Pero el propósito no apareció solamente desde las historias extraordinarias.
En “Parceros de vida”, Tatán Mejía, Maleja Restrepo y Juan Pablo Raba, moderados por Mónica Fonseca, llevaron la conversación a la vida cotidiana: la pareja, la crianza compartida, la corresponsabilidad y la construcción de relaciones más equitativas dentro del hogar.
Porque la equidad también se construye en lugares aparentemente pequeños: una casa, una empresa, una sala de redacción, un colegio, un equipo deportivo o una comunidad.
Diversidad, educación y territorio: ampliar la conversación
Medellín permitió además abrir la discusión hacia otros ámbitos.
En “Conectar para transformar”, Power Talks reunió a Manuela Molina, Mariana Gómez Mejía, Giovanna Molina, Juan David Ramírez, Rosy Vargas y Juliana Kairuz para conversar sobre infancia, relaciones, propósito empresarial, salud mental, danza y educación como herramienta de movilidad social.
La conversación también llegó a la moda con “Moda con propósito: sostenibilidad que se lleva puesta”, a cargo de Valentina Osorio y Eleonora Morales, moderadas por Lina Galeano, donde la industria se abordó desde la sostenibilidad, la economía circular y la generación de oportunidades.
En conjunto, estos espacios ampliaron la definición de equidad: no es solamente una conversación sobre representación de mujeres, sino una discusión que atraviesa educación, empleo, cultura, sostenibilidad, salud mental, diversidad, cuidado y desarrollo territorial.
De la conversación a la acción

Si algo dejaron los dos encuentros fue menos una receta que una serie de aprendizajes que pueden orientar conversaciones y acciones futuras.
Reconocer el trabajo de las mujeres. Como planteó Pat Mitchell, visibilizar lo que las mujeres ya están haciendo también significa reconocer su capacidad de generar cambios y convertir sus experiencias en referentes para otras.
Entender que las oportunidades necesitan condiciones. Formación, empleo, cuidado, protección, seguridad, salud mental y redes de apoyo forman parte de la ecuación.
Prevenir antes de reparar. Las conversaciones sobre niñez y violencia mostraron la necesidad de fortalecer la prevención, la protección y las respuestas institucionales.
Hacer de la equidad una responsabilidad empresarial. Las organizaciones pueden contribuir a cerrar brechas desde sus políticas internas, sus entornos laborales, sus estrategias de sostenibilidad y sus relaciones con las comunidades.
Trabajar desde los territorios. Las soluciones sostenibles requieren conocer las realidades locales y conectar capacidades que ya existen en las comunidades.
Construir alianzas. La participación de gobiernos, academia, empresas, medios, organizaciones sociales y cooperación mostró que las brechas de género no pueden abordarse desde un solo sector.
En este último punto, la participación de CAF en las dos ciudades fue especialmente significativa. En Bogotá, Rocío Casas, Ejecutiva Senior de la Oficina Colombia de CAF, llevó a la conversación la relación entre equidad y desarrollo. En Medellín, Marcella Zub, de la Gerencia de Género, Inclusión y Diversidad de CAF, participó en una conversación centrada en la protección de niñas, niños y adolescentes.
Son dos aproximaciones que se encuentran en un mismo punto: la igualdad de género necesita formar parte tanto de las agendas de desarrollo como de las respuestas concretas frente a las desigualdades y violencias.
Una mujer a la vez, pero nunca sola
Women Working for the World plantea una idea poderosa: una mujer a la vez.
Pero las conversaciones de Bogotá y Medellín mostraron que esa frase no significa que el cambio dependa únicamente de cada mujer.
Una mujer puede ser la primera en entrar a un espacio. Otra puede convertirse en el referente que hace que una niña imagine una posibilidad diferente. Otra puede romper un silencio. Otra puede crear una empresa. Otra puede transformar una sala de redacción. Otra puede exigir mejores condiciones en su trabajo. Otra puede decidir ser la voz de alguien que todavía no puede hablar.
Y para que esas acciones no sean excepciones, necesitan sistemas capaces de sostenerlas.
Ese fue uno de los principales puntos de encuentro entre las dos ediciones de WW4W 2026: la equidad no se alcanza con una sola intervención ni desde un solo lugar. Se construye cuando las oportunidades individuales encuentran condiciones colectivas para convertirse en cambios duraderos.
Porque elevar el trabajo de las mujeres, como planteó Pat Mitchell, también implica mirar todo aquello que todavía hace que ese trabajo cueste más, sea menos visible o encuentre más obstáculos.
El desafío, entonces, no es solamente abrir más puertas. Es trabajar para que cada vez más mujeres puedan atravesarlas, permanecer, decidir y construir desde ellas.
Desde la fundación Juanfe trabajamos para «transformar el mundo una mujer a la vez», extendemos este llamado a la sociedad entera para que sea posible.






























